Y de repente, crecen

Te inicias en la maternidad y los días no tienen horas, solo distingues que es de día o es de noche. No sabes que día es, ni de la semana ni del mes. Los días son un continuo de lactancia, cambios de pañales, etc.. no te da tiempo ni de pensar apenas…

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Pasan los meses y te da la sensación que llevas toda la vida sin dormir una noche entera, recuerdas con anhelo esos días de soltería que podías pasar una tarde tirada en el sofá. No recuerdas cuando tuviste 5 minutos para ti. Y siguen pasando los meses, y los días saltan uno detrás de otro, y los años, y sigues sin poder ducharte sola durante más de dos minutos, todo sigue siendo como un círculo vicioso: trabajo, guardería o colegio, juego, baño, dormir, recoger.

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Y de repente, crecen. Y digo de repente, porque aunque lo vieras venir, no te has dado cuenta. Recuerdas perfectamente cuando dejaste la lactancia, cuando ir al super no era sinónimo de “necesitamos más pañales”, olvidas que antes pasabas las noches sin dormir. Han crecido. No te has dado cuenta y estás en una nueva etapa, ya no hay bebés en casa.

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Las pequeñas terremoto ya son autónomas. Una más y la otra menos quizás, pero lo son. Si les dices que tenemos que salir, se visten y preparan sus cosas. Siempre que lleguen, se abastecen solas de la merienda, de agua o de lo que necesiten de la cocina. Ya casi pueden bañarse solas. Las he llevado a clases de piscina, y me he dado cuenta que son capaces de tenerlo todo listo: preparar la mochila, prepararse ellas, cambiarse, y ducharse tras la clase. Casi sin necesitar siquiera mi intervención. La mayor incluso lee el primer libro de cuentos por las noches!

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Las profecías que el apego y los excesivos mimos iban a crear niñas que nunca serían autónomas empieza a desvanecerse. Sí, siguen peleándose continuamente, la casa sigue siendo un caos en cuanto a juguetes se refiere, peeeeero ya puedo dormir la siesta el fin de semana (con una nueva habilidad de hablarles en sueños y que así no me despierten del todo), ya puedo sentarme a acompañarlas, pueden jugar solas, no necesito perseguirlas para todos (vale, algunos días si) y se espabilan bastante bien solas.

Ya no hay bebés en casa. Y pienso para atrás y me gustaría que alguien me hubiera dicho que las etapas pasan, que hay que disfrutarlas con todos sus pros y sus contras, porque pasan. El cansancio se pasa, la falta de sueño se pasa, el dolor de espalda cuando aprenden a caminar y vas encorbado dándoles la mano, se pasa. Hay veces que decimos “qué ganas de que camine, hable, escriba, etc…” y nooooo.

gracias pequeñas terremoto

No adelantemos el tiempo, no lo hagamos correr. Disfrutemos del camino, pasito a pasito

Cada etapa es fantástica con todos sus peros, cada etapa no hay que sentarse a mirarla, hay que vivirla. Siento que uno lo sabe, al menos a mí la segunda maternidad me hizo aprenderlo, pero aun así es necesario que se lo recuerden de vez en cuando. Especialmente en esos días que crees que vas a volverte loco, que no paras en todo el día.

Y yo, agradezco que a veces me lo digan, o recordarlo, o leerlo en alguna parte. Y volver a “ralentizar el reloj”, volver a parar, y seguir disfrutando cada etapa.

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Porque el caos del desorden de los juguetes, también va a pasar. Un día crecerán aun más, y ya no crearán esos increíbles mundos de Peppas y Ponys, ni me montarán un cine en el salón. Porque las siestas y las tardes de domingo en el sofá volverán, cuando ellas estén más interesadas en hablar con sus amigas que en enseñarme su último dibujo. Porque el leer montones de cuentos cada noche, también va a pasar, cuando lean con suficiente fluidez para leerse ellas mismas.

Crecen, y las cosas cambian. Estoy encantada que las pequeñas terremoto, aunque ya no sean bebés, aun son niñas, aun quieren que yo les lea cuentos antes de irme a dormir, aun quieren que las acompañe a las fiestas de cumpleaños. Porque me siguen buscando para enseñarme sus dibujos, siguen necesitando sentarse acurrucadas a mi lado en el sofá. Siguen queriendo mimos, presencia, compañía.

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Y toca disfrutarlo. Las demás etapas, ya llegarán, y las viviremos y descubriremos, y seguiremos aprendiendo. Ahora, toca aprovecharlas esta, olvidar el cansancio, disfrutar de su hiperactividad, de su no parar de hablar, de esta etapa que mezcla tanta ingenuidad, tanta ternura y tanto descubrimiento a la vez.

si eres mamá/papá, tengan la edad que tengan tus hijos, resérvate un rato para olvidarte de todo lo demás, siéntate a disfrutar la etapa que estás viviendo con ellos, deja que las cosas pasen cuando tocan, sin acelerarlas, sin que el tiempo se te escurra entre los dedos, y disfruta del camino.

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25 comentarios en “Y de repente, crecen

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  2. Yo ahora estoy en plena etapa bebé de nuevo, de la de crisis de lactancia y pañales con caca hasta los sobacos, pero claro, viendo como ha crecido la mayor, que son 5 años y ya la veo toda una mujercita… pues se aprecia de otra manera, y cada noche en vela, cada día de teta fuera, quieres que no acabe ni pasen nunca…

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  3. Totalmente de acuerdo una vez me dijeron ¡tranquila! todo es temporal, todo pasará y cuando te des cuenta querrás volver el tiempo atrás, que razón tenían, por eso no quiero perderme nada, y creo que algunas somos muy afortunadas en poder estar presente en la vida cotidiana de nuestros hijos. Un saludo.

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  4. Así es… abres los ojos un día y te encuentras ante la verdad: han crecido. Por eso es que es tan importante disfrutar de cada etapa… como suelo decir: tus hijos crecen y no esperarán a que tengas tiempo para ellos. Muy lindo tu post, yo que ya tengo un adolescente, he escrito varias reflexiones sobre esta toma de conciencia…. es hermoso poder ser testigo, arte y parte de su crecimiento. Un saludo

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  5. Cada etapa es mágica pero la primera infancia si que es cierto que deberíamos intentar vivirla disfrutando a cada momento porque pasa deprisa, no nos damos cuenta y esa montaña que se nos hacía a todas a desaparecido y van por su cuenta. Lo de que el apego genera niños poco auonómos tampoco lo veo cierto según mi propia experiencia personal. Besos

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  6. Tienes toda la razón del mundo. El tiempo pasa taaaaaaaan rápido. Casi sin darnos cuenta, dejamos de tener bebés. Yo siento que ya no tengo ninguno y supongo que por eso achucho tanto al más peque. En un vano intento de ralentizar el tiempo y de que no crezca (a pesar de que ya está a punto de cumplir 5 añitos). Yo ya he visto el paso siguiente, y me asusta lo rápido que ha sido. Como en un abrir y cerrar de ojos mi mayor, ha pasado de ser un niño a un joven adolescente al que le ha cambiado la voz y ha empezado a afeitarse. Sigo procurando disfrutar de cada etapa, adaptándome a los cambios… A veces, incluso, buscando yo el acurrucarme a su lado en el sofá. 😉

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