Un propósito, un objetivo, y mucha paciencia

Antes de ser madre, cuando leía artículos relacionados con la maternidad, había cosas o estilos que podía compartir más o menos, ya no me gustaba el tema de los castigos en los cuartos oscuros, broncas a gritos, y cosas similares. Cuando me fui interiorizando aún más en el tema, sufrí un pequeño choque de culturas al leer explicaciones racionales de porque no sirven castigos como la silla o el rincón de pensar, o los efectos de los chantajes emocionales..cosas que, por otro lado, yo no experimenté pero eran perfectamente habituales en muchas casas o colegios cuando yo era niña.

Pero entonces una se convierte en madre y además de todas las ganas, la ternura, el amor, y la intención de hacer lo mejor para el bebé, también se unen el cansancio, la falta de sueño, la incertidumbre, el no tener un libro con preguntas y respuestas (no para cualquier niño sino para el nuestro, customizado), las frustraciones, las autoexigencias, el miedo a no estar haciéndolo bien, y un largo etcétera. Y a lo largo de los meses, cuando uno además vuelve a trabajar y a otros menesteres todo se va sumando, acumulando y al final…no sabemos como pero al paciencia…se agota.

Éramos personas que presumíamos de paciencia y ahora, parece que por nada, ya se nos ha agotado.

 

A la niña se le cae una gota de zumo al suelo, y ya tenemos que resoplar para no enfadarnos. Se sienta a jugar camino al armario para ponerse los zapatos cuando llega tarde al colegio y nos dan ganas de preguntarle si nos toma el pelo, se pasa el día interrumpiéndonos para contarnos cosas y nos dan ganas de decirle que se vaya a ver la tele..y tantas otras situaciones cotidianas que aunque no seamos totalmente conscientes, suceden. Y que son típicas de los niños y de su aprendizaje…no nos olvidemos que lo que tenemos en casa son niños!

¿qué pasa entonces?

Pasa que un día cualquiera, en un momento cualquiera, por una situación cualquier típica de un niñ@ de 1, 2, 3, 4, 5 o 6 años, se convierte en un momento amargo. No nos damos cuenta y nuestras respuestas no son amables, sino que incluyen resoplidos, tonos desagradables, o a veces, subidas de tono o algún grito. Nos convertimos en ogros.

objetivo-paciencia-singritos

Y no nos damos cuenta y entramos en un ciclo en el que no aprendemos a calmarnos y recordamos ya demasiados momentos amargos con nuestros hijos, y entonces aparece la culpabilidad, más autoexigencia….y, curiosamente, menos paciencia. Ciclo vicioso.

A mi me ha pasado. Pasé de ser una persona calmada y paciente, que no se enfadaba por nada…a sentir que me cabreaba a la mínima. Con mi primera hija no tuve problemas, pero cuando pasaron a ser dos…no sé cómo se produjo el cambio, pero pasó. Me enfadaba y lo mostraba, subía el tono e, incluso, les gritaba. Y entonces empezaba a cabrearme conmigo misma por lo mismo.

Tanto me enfadé conmigo misma, con ese ogro que no era yo, que empecé a soñar y me veía riñendo a las niñas (y en los sueños, eran broncas muy desagradables) Al final, en una época terminé exhausta.

Entonces llegó a mis manos el siguiente artículo:

The Orange Rhino (o 10 cosas que aprendí cuando dejé de gritarle a mis hijos)

y decidí que ya no quería volver a gritarles a mis hijas (en realidad, a poder ser a nadie) OJO! si una de mis hijas se dispone a cruzar la calle por donde no debe, y sé que vienen o pueden venir coches…le va a caer un grito que se va a quedar helada. Pero no de cabreo, sino para que pare en seco!!!

Pasaron los meses y los gritos desaparecieron. Uff…lo logramos. Y no solo eso, con la desaparición de los enfados y los gritos, enfaticé mucho más las conversaciones, razonar con las niñas, hablar con ellas cuando oponían resistencia para bañarse, explicarles las cosas aunque estuvieran evidentemente ignorándome, etc..ei, y la cosa funcionaba.

Pero…entonces mi hijas empezaron a interactuar...y vi como se dirigían la una a la otra. No todo el tiempo, pero si cuando la interrumpía su hermana, o su hermana quería que hiciera algo que no le apetecía, o le estaba estropeando un juego. No se hablaban, se gruñían! (y algún grito caía de la mayor…) Yo, que sentía que ya se habían terminado los meses en que yo les daba ese mal ejemplo, no entendía mucho porque se hablaban en esos tonos (¿tanto les afectó esa época en que yo perdía la paciencia rápidamente? menos mal que ya se ha terminado…pensaba yo)

Entonces me escuché a mi misma un gruñido…chiquitito y cortito y antes de la frase calmada. Otro día….era un resoplido…cuando hacían algo, o tiraban algo, o rompían algo, no me enfadaba, pero mi proceso de calma, incluía un gruñido que me parecía imperceptible…y no lo era

y entonces leí otro post, de otra madre, que descubrió que no es solo no gritar, sino no mostrar enfado. Por si os interesa lo dejo para que podáis leerlo.

ahi estaba claro! no es solamente no gritarles a tus hijos, sino no hacer ninguna muestra de desagrado. Nada de gruñidos, nada de frases como: “es que no puedes hacerlo con más cuidado que siempre lo tiras todo”, nada de resoplar, nada de “te he dicho veinte veces que no hagas eso, es que no me escuchas? “, nada de todo eso. Yo creía que no usaba ninguna de estas expresiones, pero pensándolo bien…no pondría la mano en el fuego.

No es fácil, pero la crianza respetuosa no son solo palabras, son acciones, son huellas que se dejan en los hijos. La enana no ha vivido conscientemente esa etapa de gritos, al fin y al cabo es la segunda y yo ya había aprendido de algunos de mis errores, y ella actúa y reacciona de forma diferente a la mayor, y eso que tiene mucho carácter!! Así que, esto es por ellas!

Vamos paso a paso. mi nuevo objetivo es ese. Dejar todos esos signos de malhumor, hablar con respeto, con paciencia, con cariño, pero no el 80% del tiempo…SIEMPRE.

Pero…¿cómo se hace? Creo que no hay una guía universal, cada uno tiene que ver que le sirve.

He podido encontrar algunas ayuditas, por si alguien más necesita inspiración o una lectura de emergencia para esos días en que la paciencia parece que se agota…

12 steps to stop yelling

10 cosas que no deberías decir a tus hijos

10 alternativas a las consecuencias

3 pasos para mantenerte en calma

a veces caigo en el lado oscuro

articulo en el mundo

entrevista carlos González

Están éstas o mil otras opciones…vamos a intentarlo…¡y vamos a lograrlo! (y lo logramos!!)

(ya van unas semanas desde que me marqué el objetivo y oye…¡una se siente diferente! hay momentos dificiles, hay momentos en que la paciencia ves que se agota…pero si logras dominarlos…después te sientes mejor, y las niñas empiezan a reaccionar mejor también! Seguimos en ello..)

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23 comentarios en “Un propósito, un objetivo, y mucha paciencia

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    • Gracias mariló por tu comentario! Yo hace algo más d un año perdía la paciencia con nada…y por la época de este post hay varios sobre el mismo tema. Al final me decidí a cambiar y el otro día, cuando mi hija cruzó por una entrada de coches sin mirar, me di cuenta que ese grito era el primero en meses (y necesario en este caso porque se paró en seco!) Yo también me he apuntado al reto de Edukame.com para el 1 de julio, nunca vienen mal algunos consejos nuevos 🙂

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  14. Ay, como te entiendo! Hoy le he pegado un grito al peque, qué mal me he sentido! Jolín, si es sólo un bebé y además no iba con él la cosa (estaba cabreada con su padre porque se había llevado otra vez mi cartera, jaja, ya ves tú la tontería). Yo creo que lo más difícil y también los más importante de la maternidad es trabajarse a uno mismo, aprender a no ser lo que no nos gusta de nosotros y lo que no queremos que ellos sean. Un besote!

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  15. Ánimo!!
    Llegó a mis manos ese artículo por medio de mi tribu de madres, y muchas han empezado con el reto. Yo la verdad es que no grito (a lo mejor de momento, jeje). He desarrollado con Bebé Full una paciencia infinita, soy muy relajada. También me he sentido muy apoyada en los grupos de crianza desde que nació el peque, yo creo que eso me ha ayudado, ver otras madres con tu misma metodología de crianza.
    Vamos que se puede!!! Un abrazo!

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