Emociones en pandemia

Esta pandemia que estamos viviendo y que a todos nos pilló por sorpresa, me ha dado la oportunidad de mirarme al espejo, de mirar la sociedad en la que vivo, la gente de la que me rodea, las opiniones que escucho, el mundo que construimos.

No se si nos creemos todavía que esto sea real, que no va a desaparecer tan rápido, en mi opinión sabemos que es real pero todavía alucinamos. Aquí seguimos confinados, 122 días desde que nos encerramos voluntariamente en marzo. Mientras, vemos como en Europa la gente hace vida más o menos normal, hay quien tiene precaución aun, hay quien lo ha olvidado todo. Y es que el encierro te hace darte cuenta de cuánta vida nos hace falta, de cómo echamos de menos vivir, cuando vemos la vida por la ventana.

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Imagen de Gerd Altmann en Pixabay

La cuarentena me ha desesperado en muchas ocasiones, por motivos diversos, pero tengo que decir que, si lo buscas, todo tiene su lado bueno, aunque tenga también lados malos. Me ha permitido reflexionar de muchas cosas que antes no me daba tiempo a pensar. Y ha reafirmado ideas que tenía escondidas, por no tener tiempo de madurarlas. Mis hijas tuvieron apenas unos días de clase en este curso, y ya casi van por el semestre sin clase. He escuchado opiniones de todos los gustos sobre este tema, sobre lo que pierden y lo que no. A mi, lo que me ha recordado es que no me gusta el sistema educativo actual, y creo que se podría aprender de esta situación y cambiar. Necesitamos aprender a adaptarnos, a reinventarnos, a ser felices y salir adelante ante las dificultades. La verdad, no sé yo si es vital memorizar todos los ríos del mundo, o los detalles de sucesos que tuvieron lugar siglos atrás, pero no enseñamos habilidades muy necesarias.

La historia es importante, como lo es la gramática y las matemáticas, pero sigo pensando que hay otra forma de aprenderla, que no sea solo mediante memorización. Aprender historia de Chile estos meses me hace darme cuenta de lo distinta que se ve la colonización desde cada lado del continente, de lo distinta que es la historia que escuché yo de la que le enseñan a mis hijas. ¿por qué memorizar fechas y nombres y no contarlo como una historia, hacer una obra de teatro, o debatir sobre eso mismo, las diferencias entre las versiones de unos y otros?

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Escuchar sobre lo tremenda que es la pérdida de tantos meses sin clase me recuerda los pocos detalles que recuerdo de mis años de primaria: están las bases, aquellas que te repiten año tras año, pero no lo los detalles de las asignaturas que no me gustaban. Nada te enseñan en el colegio que solo escuchas un semestre, los aprendizajes son continuos, y estoy segura que los niños que hoy están perdiendo sus clases presenciales no perderán esas bases, los colegios sabrán suplir estos tiempos. Y espero que puedan hacerlo todos, incluso aquellos cuyo presupuesto y situaciones familiares no les permiten ni siquiera mantener el contacto durante la cuarentena.

Por eso cuando me cuentan de colegios que tienen a los niños siguiendo casi el mismo horario de siempre, lo primero que me vino a la mente en marzo fue: “así no se aburren” y en seguida me di cuenta…al contrario! qué desgaste, qué aburrido, qué cansancio! 4, 5, 6 horas delante de una pantalla, sin contacto con profesores o compañeros, con la misión de aprender memorizando todo lo que te cuentan,…agradezco que mis hijas no estén en esa situación.

Las veo, veo su desgaste después de tantos días sin salir, como incluso echan de menos los paseos por nuestra calle que dimos las semanas que se podía salir. Casi 4 meses sin ver a sus amigos, sin respirar apenas aire libre, y recibiendo el solamente el sol que entra por la ventana, menos mal no tienen que estar todo el día pegadas a la pantalla!! Sí, es un desgaste adicional para mi ayudarlas, al menos a entender algunos enunciados, pero ha sido toda una experiencia. También he aprendido a soltar, porque no necesito que lo entiendan a la perfección, el objetivo no es que entreguen sus trabajos perfectos, sino su profesora no sabe cómo van avanzando. Y ellas, han aprendido a organizarse, a utilizar el ordenador con otro fin que no sea ver youtube. Han crecido en estos meses. Y yo, he podido ver qué aprenden, qué les gusta y que no, es una oportunidad que no tenemos normalmente.

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Lo que más me preocupa es el daño emocional que este periodo pueda hacerles. Ha habido días donde entre el trabajo y sus tareas y los quehaceres, me da pereza hacer más, todo lo que quiero es un rato de sofá viendo una serie, y pasa el día y me doy cuenta que he estado con ellas todo el día, pero no hemos hecho nada juntas. Yo me siento culpable, cuando ellas no sé si realmente lo perciben. No puedo creer que estando encerrados no me de tiempo de todo. Hablando con otras mamás amigas me cuentan también que les da pena haber perdido la paciencia, que se cansan y gritan más que antes. Y que se sienten culpables por el efecto que pueda tener en los niños todo esto.

Yo decidí a medio camino de este segunda cuarentena obligatoria, reducir las menciones a noticias apocalípticas, con no poder salir hasta no sabemos cuándo es suficiente, porque los niños lo absorben todo. Y que valía la pena buscarla a cada día un objetivo y algo positivo. Y eso intentamos hacer. Y hablamos de los contagiados o de la extensión de al cuarentena, pero también de lo que vamos a aprovechar a hacer en este tiempo, o de lo primero que queremos hacer al salir.

Creo que es normal estar cansado y no tener ganas de jugar todos los días, perder la paciencia, pues todos estamos al límite, pero es una oportunidad de aprender. Creo que es un buen momento para sincerarnos con ellos, a hablar todos de emociones, a expresar como nos sentimos con nuestros hijos y escucharles a ellos también. Comunicarnos con ellos, expresando cómo nos sentimos ese día, o en cuarentena, y sencillamente decirles que no siempre tenemos buen día, pero que les queremos igual. y pedir perdón si perdemos la paciencia y lo lamentamos, no vale sentirse culpable y callarse, se pueden admitir los errores.

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Nosotras, hemos decidido meditar todas las noches. Creo que es una enseñanza que no hay mejor momento para transmitirles, y que su mente y la mía va a agradecer. Porque todo pasa, incluso la pandemia, y está en nuestras manos qué fruto obtener de ella.

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