El perdón más grande…

Como padres, aunque no queramos, hay veces que no podemos evitarlo y los nervios y la impaciencia nos traicionan...hay días que tenemos mal día, que los niños también tienen mal día, que tenemos un montón de cosas que hacer, que todo eso se junta dentro de una casa, normalmente entre la hora de la vuelta del trabajo…y la hora de irse a dormir.

¿y entonces qué pasa? que nos ponemos de mal humor, que nos convertimos en ogros, que la mecha de la paciencia se termina…y explotamos. intentamos resistir, resoplamos, respiramos hondo, contamos hasta 10, pero a veces…explotamos igual.

A mi, me pasó el otro día. Estaba durmiendo a las niñas, tenía mil cosas que hacer cuando se durmieran y, encima, a la pequeña le había dado por estar “pegona”. Le digo que se duerma, que hay que descansar…¿y qué hace? se gira y me pega un manotazo…pero oye, un manotazo de los buenos, con toda la fuerza que tiene (que no es poca para lo pequeña que es)

y ahi llegó mi limite.

Pero no le grité, no hice nada más que tomarle la mano despacio y decirle, imitando el gesto con mi mano, que me había pegado y eso duele, que pegar es feo y no se hace…a cámara lenta eh! que ni le pegué, ni le di un manotazo, ni nada. Solo repetí el gesto a cámara lenta, para que entendiera. Pues…no sé si sabría repetir la cantidad de expresiones que pasaron por su cara. Sorpresa, estupor, enfado, y dolor.

Estuvo más de veinte minutos con el ceño fruncido, mirando a un punto fijo, como al vacío, sin querer ni que me acercara, ni quería el chupete, se giraba cuando yo le hablaba…hasta que estalló el llanto. Y qué llanto…un llanto que ni ella podía controlar, ni siquiera respiraba apenas! solo lloraba con la boca abierta y un rio cayéndole por las mejillas. Se me partió el alma!

Su padre se la llevó porque no quería saber nada de mi.

Ella no habla bien, no sabe expresarse aun, y claro…cuando se sorprendió porque yo la riñera en serio, se quedó en shock. No supo como expresar su enfado, y se le mezcló la ira con la primera vez que sentía que yo estaba enfadada con ella. Y el llanto daba tanta pena.

Ella seguía llorando en el salón diez minutos después asi que fui a verla…y ahi mi sorpresa. Se me tiró a los brazos. Solo quiso estar en brazos y que la paseara como cuando era un bebé. Creo que ahí sintió que yo no estaba enfadada, que la había perdonado. Más que palabras, necesitaba un gesto. Y dejó de llorar, solo me abrazó fuerte…y no me soltó hasta la mañana siguiente.

Y al despertar…solo me siguió abrazando y me dió un beso con una sonrisa, y se puso a jugar conmigo como si nada hubiera pasado, abrazándome y diciendo “mi mami, mi mami”

Es increíble lo que un gesto o una palabra puede afectar a nuestros hijos. Personitas que aun no entienden bien de sentimientos, ni entienden bien cuando hacen algo mal. Ella no se dio cuenta de lo que hacía y de que estaba mal hasta que yo le repetí el gesto especificando que dolía. Ver cómo le costo pasar de la indignación porque la hubiera corregido al llanto al darse cuenta de que me había molestado me hizo empatizar en lo difícil que es para los niños identificar sus emociones. Y a veces, qué fácil es hacerles olvidar los malos momentos…solo con enseñarles y demostrarles que estamos ahí para ellos, en todo momento, pase lo que pase. No solo con palabras, con gestos, con miradas, abrazos, besos. Eso la reconfortó, mi abrazo hizo que olvidara lo que había pasado y le hizo comprender que yo la quería y estaba ahí a pesar de su error.

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8 comentarios en “El perdón más grande…

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  7. ¡¡Uffff…!! ¡¡Qué momentazo, querida…!! ¡Vaya trago! Yo todavía no he pasado por eso con la niña… (Con la mamá, bueno… ya es otro tema… algún buen cabreo y rebote/salida de tono ha habido ya…)

    Supongo que es inevitable. Y a medida que vayan creciendo, más… ¡¡Va a ser guapísimo cuando nuestras lechonas lleguen a la adolescencia!!

    ¡¡Muy hermoso post, desde lo más sincero!! Y efectivamente… hay que estar ahí.

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