visitas a urgencias

Uno puede estar enfermo, resfriado, con fiebre, con tos, tener la nariz que ni puedes respirar…pero se aguanta.

Pero cuando son tus bebés…todos los instintos maternales se encienden, no dejas de observar: esa tos…será como la de resfriado de siempre? no suena diferente? seguro que respira bien? no será mejor ir al médico? cuando esto pasa, como manda la ley de murphy, en fin de semana, y uno sabe que ir a médico significa una bella tarde en urgencias…uno tiende a dejarse influir por el: “no parece tanto”

Pero al final, almenos en nuestro caso, el resfriado avanza, aparece la fiebre y ale, al paseo familiar de domingo: urgencias.

y uno llega, y se siente culpable otra vez. La sala de espera está llena de niños. La alentadora recepcionista te da una idea de la espera: 45m con suerte, 1hr es lo normal, 2hr si hemos decidido todos reunirnos a merendar en urgencias.

Para cuando uno entra, el niño, que ya huele la urgencia, está en su peor momento (menos mal, porque sino, ni se los miran) Entras, y cuentas con el mayor detalle la evolución de lo que tiene. Normalmente te miran “otra madre exagerada que no puede esperar al lunes”

Pero tu conoces a tu bebe, tu sabes que eso no es un resfriado. La auscultan y controlan. Y entonces empiezan a darte la razón: empiezan las pruebas. que si radiografia, examen de sangre u orina, según el día, panel viral, y un largo etc de pequeñas torturas para tu bebe, que si ya se encontraba mal, ahora se encuentra peor y encima le están tocando las narices.

No me gustan las urgencias. aun cuando sé cuando toca ir. No me gusta escuchar a niños llorar. Y no me gusta ver a mi bebé, que se quiere ir, con las diferentes marcas de las pequeñas torturas, apretado a mi para que lo proteja, a pesar que soy yo misma la que le ha llevado al doctor.

Imatge

Aun así, uno también atesora ciertos momentos en urgencias. Porque mi pequeña valiente, después de mirarme con ojos de súplica para que no dejara que le sacaran sangre, solo necesitó un abrazo para calmarse.

y porque mi otra pequeña valiente, no quiso irse al parque, no quiso ir a jugar, no quiso nada más que quedarse junto a su hermana, saber qué le estaban haciendo, hacerla reír e irse a casa con ella, no sola. Ese amor fraternal que se vislumbra me encanta.

Y luego uno llega a casa. Ambas dormidas en el coche. Una pasa directa a la cama, y hasta mañana.

La otra, que después de las torturas se da cuenta que ya está en casa, quiere hacer mil cosas antes de acostarse. Y ese es el momento en el que una envidia a los padres. Que suben a la dormida, la acuestan vestida (el cambio de ropa es cosa de madres que sino se despierta) y pueden sentarse a descansar de la aburrida tarde en urgencias.

A una, que le toca el bebe con hiperactividad post urgencias, tiene que darle algo de comer o beber…o intentarlo, preparar los medicamentos, cambiarla, tratar de acostarla…y después de todo esto, cuando terminemos y antes de poder ir a sentarnos…tenemos que ir a cambiar a la mayor plácidamente dormida… aun cuando la mamitis me encanta…en estos casos, un poco de papitis no me iría mal.

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