Mi pequeño espejo

No sé a quien te pareces. Muchos dicen que eres igual tu padre, y otros tantos que eres igual a mi.

 Yo no sé. Físicamente eres igual a ambos. Eres una mezcla. Una increible mezcla. Te miro de frente o te veo dormir, y no hay duda que eres tu padre en niña. Pero te veo de perfil, en movimiento, de lejos, te veo actuar y comportarte…y en mi mente viene un flashback, es realmente como verme a mi. Es un efecto tan extraño.
Tu personalidad es tan parecida a la mía…con matices, porque tu combinación genética es diferente de la mía, pero eres tan yo. Es como verme en el espejo cuando tenía tu edad.
Entonces un día mientras te miro pienso que has tenido suerte. Has tenido suerte porque por mucho que la gente no entienda como eres, que no entiendan que no te gusta dar besos, abrazos, saludar, hablarle a la gente que no está dentro de “tu círculo”, porque eres tímida, porque inventas mundos despierta, porque te cuesta expresar tus emociones, porque te despistas y encandilas con cualquier cosa, porque te encantan los idiomas, porque prefieres dormirte en el sofá o el coche y que te lleven a la cama que irte a dormir, porque te molesta escoger entre dos cosas, por mucho que muchos no te entiendan…yo sé qué se siente.
Y por eso, me propongo ayudarte a que esas características tuyas no se conviertan en etiquetas, a que no te llamen tímida, que no te obligue nadie a saludar o besar ni siquiera a conocidos, no te obligaré a nada de eso, pero te ayudaré a vencer esa timidez para que cuando quieras vencerla, sepas como hacerlo.
Te ayudaré a ir por la vida a tu propio ritmo, lenta pero segura, sin llamarte lenta a ti misma. Para que disfrutes de ese “soñar despierta”. Para que sepas elegir, y no te arrepientas de la elección un segundo después.
Porque me veo a mi. Te veo y me veo. Eres como un espejo. Me escucho pedirte que saludes, y escucho como me lo decían a mi. Te veo como te encoges y escondes cuando entras en una sala llena de gente, aunque los conozcas a todo, y recuerdo perfectamente como lo hacía yo.
Yo voy a intentar ayudarte, si quieres, si me dejas, si te apetece, porque a veces cuando vamos llegando a una casa donde sabes que habrá mucha gente, me explicas “cuando lleguemos no voy a hablar ni saludar vale mami? Yo soy muy timida y me da mucha vergüenza saludar” porque cuando sabes que llegamos tarde me dices “es que yo soy muy lenta y tardo mucho en hacer las cosas, yo soy así”
y no quiero que te etiquetes por las opiniones de los demás. quiero que te definas a ti misma como tu quieras ser, no por lo que digan u oigas decir a la gente, a nosotros, a la familia, a conocidos o desconocidos. Tiene que ser tú, como tú quieras ser. 
Por la misma razón, te pido perdón. Porque nadie me enseñó a llevar a cabo esta tarea, porque tu forma de ser y actuar es muchas veces una forma de ser y actuar que ya “superé”, que ya pulí mientras crecía, que intenté moldear a mi gusto, o a gusto de las circunstancias…o a lo que tenía que ser.
Te pido perdón porque a veces cuando te entretienes en cada paso que das antes de salir de casa, te despistas, te desconcentras, yo te digo veinte veces que espabiles que llegamos tarde…y soy yo la que debe conocer tus ritmos, la que debería avisarte un ratito antes para que pudieras prepararte a tu ritmo. Y te pido perdón por adelantado si cuando seas mayor te apetece leer esto, porque aunque sepa que no debo decirlo, a veces me supera y te sigo diciendo que espaviles, que no se puede ser tan lento, o que eres más lenta que yo (y no sé si eres más lenta que yo o yo aprendí a espabilar) y no debería decírtelo, pero se me escapa…perdona. Lo seguiré intentando.
Te pido perdón porque durante una época te pedía que saludaras, que contestaras cuando te hablaba alguien cercano, y sabía que no te gustaba, era como ir en contra de mi propia opinión solo porque “así debiese ser” ¿y quien lo dice?. Ahora estoy aprendiendo, y sencillamente te pregunto qué quieres hacer.
Quizás no debería ni siquiera preguntarte, solo dejarte hacer. Pero te pregunto, igual que tu me preguntas a mi en secreto algunas veces, cómo tienes que hacer o qué puedes y no puedes hacer, antes de actuar.
Contigo he aprendido que una no puede pelear consigo misma. Porque siempre pierdes. Siento que llevarte al contraria es llevármela a mi misa. Yo me despisto, soy lenta, no me gusta ser el centro de atención, no me gusta para nada decidir (ni siquiera entre dos camisetas iguales pero de distinto color que nunca sé cual comprar) y a veces no me gustan estas características de mi misma y por eso me supera en ciertos momentos que justo hayas salido igualita a mi en eso. E intento “pelarlo” sin querer y cambiar esa forma de ser tuya.  Pero otras veces me doy cuenta que yo no sería quien soy sin estas características, sin todas ellas, que todo me ha hecho quien soy. Y te harán a ti quien quieras ser, ya sea cada vez más parecida a mi, o no tanto, o como tenga que ser. Y me doy cuenta de lo mucho que te quiero tal y como eres: lenta, despistada, distraída, tímida, indecisa, entre otras miles de cosas que no se parecen en nada a mí, y entonces sencillamente no quiero cambiarte, solo mirarte y ver cómo vas definiendo tu personalidad. Y dejarte ser.
Y también he aprendido que conocerte tan y tan bien ayuda.
Me ayuda a que las mañanas, por ejemplo, no sean nunca una pelea, sino sean como una gincama. No tienes que pensar, solo dejarte llevar. Te dejo dormir al máximo, te despierto poco a poco mientras te ayudo a vestirte, y te acompaño como si se tratara de un circuito por todos los pasos hasta que estés lista para el colegio. ¡Como ha cambiado hacerlo así a solo pedirte que te vistieras y esperar que lo hicieras todo! tu que odias que te despierten por la mañana…

Me ayuda también a leer lo que piensas, a tener momentos de comentarios sinceros, a intentar adivinar lo que te pasa, a adelantarme y decirte que no te angusties, que cuando entremos a la casa de “x” no es obligación saludar a nadie.

Me gusta que seas mi pequeño espejo, aprender a dejarte ser y aprender contigo a dejarme ser a mi también.

¡Qúe grande eres pequeña! 

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22 comentarios en “Mi pequeño espejo

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  9. Que bonita reflexion! así era yo de chica y así es también un poco mi nena, que ahora no quiere ir al cole (igual que yo a su edad) a veces los presionamos y les exigimos tanto. Olvidamos que son niños, olvidamos q nosotros lo fuimos, olvidamos que deberíamos seguir siendo niños. Que lo mas importante es ser feliz, pero se nos va la vida tratando de agradar a los demás solo para encajar.

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  10. Qué bonito. Tiene que ser alucinante verse así de reflejada y retratada en una personita tan tuya. Me parece que tiene que ser una sensación increíble. Mi hijo es una mini copia física de su padre, y en el carácter aún no vemos a quién se parece. Pero debe de ser sorprendente y extraño ver cómo tu hija anda su camino parándose en las mismas piedras que tú.
    Qué bonito que le dejes hacer y ser desde el principio. Qué suerte tiene tu hija de que le entiendas tan bien

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    • Gracias. La verdad es algo de lo que cuesta darse cuenta…yo iba teniendo como flashbacks al decirle algo, al verla hacer algo…y al principio solo quería corregirla…hasta que “miré” hacia atrás…y me di cuenta que tenia que ayudarla, dejarla ser y entenderla, sin corregirla. Pero es alucinante verla, tiene mis gestos, mis “prontos”, un montón de reacciones igualitas. 🙂

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  11. Me hiciste llorar, muy del corazón el post, es tan heavy como hay que dejarlos ser, en mi caso la peque no se parece a ninguno de los dos, yo tb era muy tímida, entonces me cuesta entender cuando ella le quita un juguete a otro niño y no es capaz de compartir, me molesta y me cuesta entenderlo, hasta donde dejarlos ser …

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    • Gracias Clau. Cada vez que un post le llega a alguien me sorprendo…cuando lo escribo no pienso en eso, hay posts que sencillamente salen así, que me siento a escribir…y salen. Y me encanta que te guste 🙂 Y si, es difícil, pero creo que hay que dejarles ser y crecer para convertirse en las personas que quieren ser.

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      • ¡Es cierto, chica! Son un tipo de post muy emotivos, escritos más desde el sentimiento que otra cosa, sin buscar mucho más que dejar constancia de un pequeño trocito de tu persona, para la posteridad… Una posteridad que de hecho, tiene nombre propio, y es el de tu hija.

        Por eso me molan tanto estos post. No aprendes sobre productos… No aprendes sobre manualidades… No aprendes sobre salud, o cocina, o psicomotricidad… Pero aprendes de personas; aprendes a comprender a padres o madres que no son perfectos y a los que les ocurren cosas.

        Y eso me gusta mucho.

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